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El masaje tailandés o Nuat Thai
Aima Tafur
¿Estresado? ¿No puedes con la carga de una jornada laboral? El masaje tailandés
o Nuat Thai une la cultura china y budista en un masaje increíble con nos
liberará de las tensiones físicas y mentales, dándonos un
mejor aspecto que no sólo notaremos nosotros, sino también los que
nos rodean.
Después
de una jornada de trabajo en la que nuestro cuerpo ha sufrido el estrés
y el ritmo no natural de la vida occidental, nos encontramos cansados, a veces
con dolores, e incluso incómodos con nosotros mismos. No hay nada como
una sesión de este masaje con la que lograremos alcanzar el equilibrio
de los órganos internos, del mismo modo que nos ayuda a aliviar la tensión
generada y a armonizar los aspectos psicofísicos y sutiles de nuestro cuerpo.
En definitiva, es un método antiestrés que hará que estemos
mejor tanto física como mentalmente.
Este masaje, Nuat Thai, es una de las formas más antiguas
que existen. Procedente de la tradición monástica del budismo, aúna
dos culturas medicinales, la budista y la china (como denota la estimulación
de los puntos de energía de nuestro cuerpo). Por tanto, no es de extrañar
que se base en una visión oriental del cuerpo humano, según la cual
la energía vital fluye por caminos que recorren el cuerpo verticalmente,
pero, a diferencia de la cultura china, el masaje tailandés ha elegido
diez canales energéticos que denominan Sen, diez canales que son suficientes
para realizar un tratamiento completo sobre el cuerpo, estimulando así
la circulación energética lo que nos dará una sensación
de bienestar y equilibrio mental y físico.
Las técnicas, que nos pueden recordar levemente al yoga,
se caracterizan por incorporar estiramientos asistidos, balanceos rítmicos
y presiones suaves sobre las líneas energéticas Sen. Las presiones
no sólo se realizan con las manos, sino que se utilizan además los
codos, las rodillas y los pies, presiones que se aplican a la vez que se realizan
los estiramientos asistidos. Estos estiramientos se deben realizar de forma lenta
y ser sostenidos por la persona que realiza el masaje, facilitando así
la apertura energética y articular del receptor.
Algo muy importante y que se debe destacar es que, en este
masaje es fundamental el trabajo del masajista, que debe utilizar todo su cuerpo
y su energía vital en función del nuestro y, por tanto, debe tener
presente la totalidad de nuestro cuerpo, de nuestra postura, respiración
y movimientos que él nos irá corrigiendo y dirigiendo de manera
armónica y relajante.
Una sesión puede durar entre hora y media y dos horas.
Debemos recibirlo con una vestimenta lo suficientemente ancha y cómoda
para poder realizar los movimientos sin ningún tipo de limitaciones que
una prenda algo ceñida nos puede causar. El masaje lo recibiremos sobre
un soporte acolchado (véase una colchoneta) donde trabajaremos en cuatro
posiciones distintas: boca arriba, de lado, boca abajo y sentados, ya que así
se podrán trabajar los cuatro elementos que engloban el estado interior,
exterior y psico-espiritual de cada persona.
Siempre seguiremos el orden indicado; primero boca arriba,
empezando desde los pies, donde se realizarán presiones suaves siguiendo
las líneas energéticas donde se induce a un estado de apertura de
éstas. A esto le sigue una serie de estiramientos en las piernas acompañados
de diferentes presiones que el masajista nos dará con los pies, manos,
rodillas y antebrazos. Antes de llegar a los brazos se trabajará el abdomen
y el pecho con presiones circulares realizadas con los pulgares, al igual que
se hará en los brazos y en las manos, así como torsiones suaves.
Ahora ya de lado, inicialmente sobre su lado izquierdo, se trabajarán las
líneas energéticas de las piernas y de la espalda, mientras que
boca abajo daremos mucha más importancia a piernas y espalda. Es en este
punto donde se realizan estiramientos que nos recuerdan al yoga.
Finalmente,
en la última posición, la de sentados, se realizarán presiones
en la parte alta de la espalda acompañados de estiramientos de brazos,
además de torsiones y desbloqueos estructurales que facilitan la liberación
de la tensión física. La sesión termina con suaves presiones
en el cuello, cara y cabeza, permitiendo liberar el estrés acumulado.
Una vez finalizado el masaje, después de una hora y
media aproximadamente en el que, junto a nuestro masajista hemos estado inconscientemente
con nosotros mismos, lejos de las preocupaciones cotidianas, nos daremos cuenta
de la importancia de una buena relajación y terapia antiestrés.
Nos sentiremos mucho más saludables, incluso nos cambiará el humor.
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