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Hamman: cálido vapor
Alejandra March
Imagina una gran sala caliente, la luz tenue, un vapor relajante, un masaje
y, después, tumbado entre cojines un maravilloso té a la menta...
¡Estás en un hamman!
En
Constantinopla, nombre antiguo de la actual ciudad de Estambul en Turquía,
nació el hamman (baño en árabe). Descendiente directo de
las termas romanas se adaptó a la doctrina del Corán y a la cultura
oriental. En comparación con la monumentalidad de las termas el baño
islámico es urbano y su arquitectura más discreta, debido, sobre
todo, a una concepción de la vida y la religión más introspectiva
y a la evitación de la ostentación en todas sus construcciones.
Es por este motivo por el que las grandes salas termales se sustituyen por un
ambiente más sutil y sensual.
Un
baño Turco o hamman combina cuatro elementos básicos: calor seco,
calor húmedo, frío y masaje. Estos elementos estimulan y limpian
el cuerpo además de mejorar la salud. En el interior, la primera sala se
llama Camekan, una sala cuadrada con fuentecitas y pequeños camerinos individuales
para cambiarse de ropa. Después del Camekan se pasa a la sala pequeña,
el Sogukluk, que es la parte fría como los antiguos frigidarios de las
termas romanas. La última sala es la más grande, vaporosa y caliente
del baño se llama hararet y está cubierta de mármol. La temperatura
es de unos 50º y la iluminación escasa, en el centro de esta sala hay una
plataforma elevada de mármol, el Gobek Tasi, en castellano la piedra de
panza. Está justamente encima de los hornos que sirven para calentar el
hammam. Después de haber permanecido durante unos 15 minutos entre vapores
el bañista pasa a la sala anterior se ducha y descansa. Vuelve a la estancia
principal donde se tumba para recibir un masaje fortísimo o para que le
froten con un guante duro o Kese. Tellak es el hombre que se encarga de dar los
masajes y frotar la piel del bañista con el kese. Finalmente, en la estancia
de relax, se tumba entre cojines, a veces después de ser bañada
en perfume y disfruta de un té a la menta y de una sensación de
bienestar extrema.
El hamman es, fundamentalmente, un baño público, un lugar de
encuentro para los árabes. En él, no sólo, se consiguen los
beneficiosos efectos del vapor para la salud, sino que además es un momento
para el esparcimiento y la diversión y, ¿por qué no?, para los negocios.
Las
propiedades de los baños de vapor son de sobra conocidas, desde mascarillas
para que la piel quede limpia y aterciopelada hasta una, maravillosa, cura de
desintoxicación para el cuerpo, porque con el calor se abren los poros
y al sudar se eliminan toxinas. El efecto relajante es, también, importantísimo
consiguiendo una sensación de bienestar increíble. El vapor está
indicado, así mismo, para los adolescentes con acné y para los hombres
ya que, al alisar y suavizar la piel, les permite afeitarse mejor. El hamman es,
además, muy adecuado para el tratamiento de las enfermedades respiratorias.
Los baños de vapor están contraindicados para las personas con
dermatitis, problemas de vasodilatación o de tensión.
No hay que confundir el hamman con la sauna porque son diferentes, aunque ambos
tratamientos utilizan el calor, el del hamman es húmedo aportando con ello
unos beneficios añadidos para la salud y un efecto mucho más relajante.
Después de este, increíble, recorrido por el hamman... ¡Atrévete
a conocerlo! 
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