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El oro azul
Alejandra March
En su libro "Su cuerpo reclama agua llorando a gritos" el médico
iraní Feydoon Batmanghelidj afirma que, el descubrimiento médico
más importante que ha hecho el hombre es haberse dado cuenta de que el
agua es la mejor medicina natural. Lo que para muchos es un "cuerpo enfermo",
para Batmanghelidj es un "cuerpo sediento" al que se puede devolver
la salud, simplemente, dándole la cantidad de agua necesaria.
Las
posibilidades terapéuticas del agua son innumerables. Y no nos referimos,
ya, al consumo de aguas minerales naturales, a su uso en balneoterapia o a las
propiedades del agua de mar. Sus facultades curativas van mucho más allá,
porque el agua se puede activar, cromatizar, energetizar, dinamizar, imantar,
indumizar, ionizar, magnetizar, mesmerizar, polarizar, oxigenar, ozonizar, solarizar,
sonorizar... Un universo de, increíbles, posibilidades terapéuticas
prácticamente desconocido.
El agua cubre, aproximadamente, un 70 por ciento de la superficie terrestre.
También es agua más del 70% de nuestro peso corporal. No existe
nada en la tierra en una cantidad comparable con la del agua. Y sin embargo seguimos
sin comprender bien lo que es agua.

El agua es mucho más que dos moléculas de hidrógeno y
una de oxígeno (H2O). Hoy en día ya estamos preparados
para oír el idioma del agua, pero aún no entendemos su lenguaje.
Del mismo modo que cuando una persona está pensando, durmiendo o soñando,
pero no sabemos el qué. El conocimiento universal oculto en las estructuras
del agua está muy bien cifrado. Las moléculas de agua son auténticos
enanitos que viven en agrupaciones que en inglés se llaman "cluster". Las
agrupaciones de moléculas de agua, es decir los cluster de agua, viven
en diferentes tamaños. A 0º C una de estas bolas de moléculas consta
aproximadamente de unas 700 moléculas de agua, a una temperatura de 20º
C se compone de unas 450 y a 37º C de unas 400 moléculas. Y cuando el agua
se evapora, sigue siendo por lo menos de 50 moléculas.
Gracias a las estructuras "cluster" es posible que se archive información
dentro del agua es la llamada "memoria del agua". Por lo que
si una sustancia entra en nuestro cuerpo, enseguida es rodeada por moléculas
de agua, haciendo que la formación del orden interno de esta estructura
de agua cambie y vaya transmitiéndole un nuevo orden interno. Esto hace
que hagan su efecto en el agua sustancias que materialmente ya no existen. El
agua es capaz de formar una variedad tan enorme de estas estructuras "cluster"
que incluso los procesadores más grandes y más potentes del mundo
no son capaces de seguir la dinámica interna del intercambio de señales
de los sistemas de moléculas de agua. Este almacén de diferentes
estructuras de "cluster" es tan inmenso, que se podrían llenar bibliotecas
enteras de información. En aguas tranquilas, sin embargo, los "cluster"
se aburren, se vuelven cada vez más perezosos y poco después cortan
la comunicación definitivamente, pero unos pequeños remolinos o
una turbulencia refrescante los reanima con un aumento del nivel de energía.
Es decir que, al parecer, el agua dispone de una conciencia superior. Y,
sólo, hemos logrado descifrar una pequeña parte de su secreto. El
agua es un ser vivo, inteligente, casi genial y, por lo tanto tenemos que tratarla
con el mayor respeto.
Llegados
a este punto no es de extrañar que muchos definan al agua como "el oro
azul" o que 2.500 años A.C. Tales de Mileto la describiera como "el
principio de todo lo que existe".
El doctor Batmanghelidj afirma que al igual que tenemos "dolor de hambre"
tenemos también "dolor de sed"; y en este caso el agua es la única
sustancia que puede aportar alivio. Lo que quiere el cuerpo, lo que necesita,
lo que pide, es agua y sólo agua.
Para él la creencia de que el té, el café o las bebidas
refrescantes son sustitutivos válidos del agua constituye un error elemental
que puede tener graves consecuencias. Porque es verdad que tales bebidas contienen
agua pero también lo es que suelen llevar agentes deshidratantes que no
sólo la eliminan una vez ingerida sino que, además, acaban con las
reservas de agua de nuestro cuerpo por su fuerte acción diurética.
Es más, el uso constante de estas bebidas priva al cuerpo de su plena capacidad
para formar energía hidroeléctrica. Por lo tanto, es importante
prestar tanta atención a la cantidad y calidad de lo que se come como a
la cantidad y calidad de lo que se bebe.
Los mejores momentos del día para beber agua son al levantarse de la
cama por la mañana (uno o dos vasos de agua de 200 ml.), media hora antes
de la comida y de la cena (un vaso) y dos horas y media después de las
mismas (otro vaso de 200 ml). Además es recomendable beber entre dos y
tres vasos más a lo largo del día. La deshidratación es la
principal causa estresante de toda materia viva y en los seres humanos, a veces,
es difícil de reconocer, el cuerpo pone en marcha una serie de sofisticados
indicadores para hacernos saber que la necesitamos, uno de ellos es provocar la
sensación de sed, aunque muchas veces no reconocemos esa petición
y no le hacemos caso o la saciamos con una bebida refrescante. De hecho, el último
indicador, el más evidente y el, único, que solemos reconocer es
la boca seca y éste indica, en la mayoría de los casos, una
deshidratación extrema. Y es que deberíamos beber, al menos, dos
litros de agua al día, líquidos aparte.
La
facultad del agua para almacenar información ha permitido al hombre intervenir
en su estructura molecular con todo tipo de energías (sonora, luminosa,
eléctrica, etc.) y obtener, así, aguas tratadas para utilizarlas
como remedio terapéutico o como coadyuvante en el tratamiento de diversas
dolencias. Las posibilidades terapéuticas con agua son numerosas y
hoy sabemos que el agua se puede: Activar, cromatizar, dializar, dinamizar, energizar,
indumizar, irradiar cósmicamente, magnetizar, mesmerizar, oxigenar, ozonizar,
solarizar, sonorizar... ¡Casi nada! Utilizándose para: Hernias, asma, diabetes,
cálculos renales, acné, cáncer, artritis; enfermedades como
el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple; alergias, herpes, tromboflebitis...
¡Increíble!
A finales del siglo XIX el francés René Quinton afirmaba
que todo lo que está vivo en el planeta, desde la savia de las plantas
a los torrentes sanguíneos de todas las especies, procede y está
constituido de agua y más exactamente, del agua de mar. Llegando a demostrar
que podían curarse numerosas enfermedades con ella. Bañándose,
ingiriéndola en pequeñas dosis e, incluso, sustituyendo el plasma
sanguíneo humano por agua marina debidamente tratada. Quinton elabora y
patenta el agua isotónica, es decir "agua oceánica recogida en condiciones
muy precisas y pura, diluida en agua natural muy escasamente mineralizada.
Hoy el agua de mar purificada extraída de grandes profundidades conocida
como "Plasma de Quinton" ayuda a curar o mejorar los síntomas
de patologías tan dispares como las afecciones de la piel como la psoriasis,
la desnutrición, el asma, los problemas de próstata, la artritis,
la osteoporosis, la bronquitis, la gingivitis, los problemas gastrointestinales,
el desequilibrio de los sistemas nervioso central e inmune, la obesidad, el cansancio
crónico, la sinusitis, la anorexia, el estrés etc.
"La célula es inmortal. Es realmente el fluido en el que flota, básicamente
agua, lo que degenera. Renovando este fluido a intervalos proporcionaríamos
a las células lo que necesitan para su alimentación y, hasta donde
nosotros conocemos, el pulso de la vida continuaría para siempre".
(Alexis Carrol, premio Nóbel de Medicina en 1912)
Después de leer esta reflexión no estaría de más
empezar a plantearse sustituir el café, té o refrescos que tomamos
cotidianamente por un sencillo pero maravilloso vaso de agua. Sobre todo ahora
que llega el calor el organismo nos la exigirá más a menudo. Hagamos
caso a nuestro cuerpo y démosle agua, sólo agua. Nos lo agradecerá.

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