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El embarazo no es una enfermedad: ¡muévete!
Alejandra March
Antiguamente se creía que el embarazo era una enfermedad, obligando,
en el mejor de los casos, a mantener a la mujer embarazada en una inactividad
y un reposo que, hoy, nos parece tan absurdo como contraproducente.
El embarazo y el parto suponen un gran esfuerzo para el organismo de la mujer
y mantenerse en forma, durante esta etapa, es la mejor garantía para afrontar
el parto en buenas condiciones y, además, poder recuperar la silueta después.
La
práctica de ejercicio físico, no sólo, mejora la condición
cardiovascular y muscular de la mujer embarazada, sino que favorece la corrección
postural y evita un aumento excesivo de peso. Así mismo disminuye las molestias
digestivas y el estreñimiento, aumenta el bienestar psicológico;
reduce la ansiedad, la depresión y el insomnio y crea hábitos de
vida saludables.
Además mejora la tensión arterial y protege frente a la diabetes
gestacional pudiendo ser empleado como tratamiento alternativo permitiendo disminuir
e incluso suprimir el uso de insulina. También acorta el tiempo de
hospitalización posparto y, parece ser, que reduce el número de
cesáreas.
Si bien es recomendable practicar algún deporte durante el embarazo
se desaconsejan todos los de contacto, aquellos que se practican sobre superficies
duras como el baloncesto, el voleibol...etc., o exigen un excesivo trabajo de
la musculatura abdominal como la gimnasia aeróbica y de aparatos, el esquí
náutico, el patinaje, el esquí alpino y los deportes de raqueta
como el tenis.
Los deportes más apropiados son:
Nadar La natación es un deporte excelente durante el embarazo
y que, apenas, tiene riesgos. El agua hace sentirse a la embarazada menos pesada
y los ejercicios musculares que realiza dentro de ella suponen mucho menos esfuerzo
que fuera de ella. Consigue mejorar la respiración, mantener un buen tono
muscular general y de las articulaciones. Eso sí, hay que evitar el agua
fría. Una temperatura adecuada sería entre 22 y 24º.
Caminar Andar ayuda a mantener el tono muscular, activar la circulación,
respirar bien y conseguir una ventilación del cuerpo adecuada, sin que
requiera grandes esfuerzos.
Gimnasia No todo tipo de gimnasia es adecuado durante el embarazo.
La musculación y los ejercicios aeróbicos son poco aconsejables,
incluso si ya se practicaban antes de quedar embarazada. La gimnasia más
indicada es el yoga, la danza rítmica y la danza clásica.
Yoga
Con independencia de lo que representa como filosofía y como técnica
de meditación, el yoga supone un trabajo muscular completo, en profundidad
y en suavidad, a la vez que consigue una buena relajación. Se pueden empezar
los ejercicios de yoga durante el embarazo, incluso aunque antes no se hubiera
practicado.
Mención aparte merecen los masajes, durante la gestación
el masaje ayudará a la madre a sentirse mejor, reduciendo el cansancio
y el estrés, activando la circulación sanguínea y linfática,
aliviará la tensión y dolor de espalda debido a los cambios que
se producen durante el embarazo y el aumento de peso.
Por efecto del tacto y sobre el sistema endocrino, el masaje facilita la inhibición
de ciertas hormonas de estrés como la ACTH y catecolaminas. Favorece la
secreción de las "hormonas del bienestar" como endorfinas y oxitocina,
que facilitan el proceso del parto y de la prolactina que facilita la producción
de la leche.
Durante el período de dilatación en el trabajo del parto, el
masaje relaja y aporta seguridad y confianza a la madre, preparándola para
un parto más fácil y predisponiéndola para tocar y acariciar
a su bebé.
Recomendaciones:
Utiliza, siempre, ropa y calzado deportivo adecuado y cómodo.
Tómate el tiempo necesario para calentar y estirar antes de hacer ejercicio,
y para recuperar y relajarte después de acabar.
Haz el ejercicio sobre superficies que no resbalen y reduzcan el impacto de
la pisada: suelos de madera, alfombras, colchonetas etc.
Bebe líquido y come de una forma suficiente y adecuada. Tienes que saber
que las necesidades calóricas aumentan en la gestación 300 kilocalorías/día
y a ellas hay que sumar las propias del ejercicio, además, la sed no es
un buen indicador del grado de deshidratación y por eso tienes que beber
antes, durante y después del ejercicio físico. El apetito y la sensación
de hambre también pueden verse afectados por las hormonas del embarazo.
Por ello, lleva una vigilancia estricta de la nutrición con un adecuado
aporte de minerales, sobre todo hierro, calcio y suplementos vitamínicos.
Evita el agotamiento, descansando de vez en cuando. Dada la menor disponibilidad
de oxígeno en la embarazada, los períodos de ejercicio nunca deben
ser demasiado prolongados.
Y, por último, debes ser constante realizándolo, al menos, dos
o tres veces a la semana. ¡Ánimo!
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